¿Orgullo y Rebeldía ante Dios y cual es Humildad y obediencia a Él?


En este tema vamos a abordar dos aspectos posibles en la vida de todo creyente, como son, por una parte EL ORGULLO Y LA REBELDIA ante Dios; y por otra LA HUMILDAD y OBEDIENCIA a Él.
Hay una consecuencia real que da importancia a este tema: el orgullo y la rebeldía a Dios traen ruina; la humildad y obediencia a Él conllevan bendición. También un mensaje de parte de Dios que a toda persona le es necesario conocer: ¿qué es lo que Jehová pide de ti? Solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios (Miqueas cap. 6 vers.8).
Para desarrollar el tema vamos a fijarnos en los hechos del rey Saúl, que nos vienen reflejados en los capítulos de 1ª de Samuel cap. 13 y 15, y en los hechos de Jesucristo que leemos en Mateo cap. 18 vers. 1 al 4 / cap. 23 vers. 11 y 12 y Filipenses cap. 2 vers. 5 al 11
- El contexto del tema es el siguiente-
* ORGULLO Y REBELDÍA:


 consecuencias.
En Deuteronomio cap. 9 vers. 7 al 14 vemos la rebeldía a Dios de su pueblo y su decadencia.
Un pueblo que recibe la bendición de Dios, pronto muestra su ingratitud y se hace rebelde en cumplir la parte del pacto que hizo con Él. En su actitud cambian a Dios vivo y todopoderoso; que cuando andaban por el desierto los protegió y bendijo con milagros y prodigios sobrenaturales; por un dios, creado por ellos mismos, representado por un ídolo de metal en forma de bestia, inerte e incapaz de manifestarse ni aún comunicarse con ellos.
La rebeldía a Dios provoca su ira y conlleva la destrucción.
En 2ª de Crónicas cap. 36:vers. 11 al 20 vemos las consecuencias de la rebeldía a Dios.
Todo el pueblo de Judá al completo, el rey, incluso los sacerdotes se mostró tercamente en rebeldía a la voluntad de Dios. Dios les advirtió reiteradas veces, sobre las consecuencias de su actitud rebelde, pero ellos se mofaban y reían de los avisos de Dios, hasta que la ira del Señor estalló contra ellos y las consecuencias fueron desastrosas.
En Jeremías capítulo 27 y 28 vemos el juicio de un maestro de rebelión contra Dios.
Dios mandó el siguiente mensaje por boca del profeta Jeremías (ver en cap. 27 vers. 3 al 11).
Dios puso un yugo a su siervo Jeremías que él tenía que llevar como símbolo de “humildad y obediencia”. Y puso además un yugo a su pueblo como consecuencia de su rebeldía y arrogancia, para que aprendieran que era “humildad y obediencia” lo que Dios quiere.
El profeta Hananías se mantuvo en la línea de la arrogancia y la rebeldía a Dios, no haciendo caso a su palabra transmitida por Jeremías (vocero de Dios). Hananías dijo al pueblo lo que quería escuchar y no dio la razón al mensaje de Jeremías y las consecuencias que Dios anunció le sobrevino (cap. 28)
las consecuencias fueron desastrosas.
En Jeremías capítulo 27 y 28 vemos el juicio de un maestro de rebelión contra Dios.
Dios mandó el siguiente mensaje por boca del profeta Jeremías (ver en cap. 27 vers. 3 al 11).
Dios puso un yugo a su siervo Jeremías que él tenía que llevar como símbolo de “humildad y obediencia”. Y puso además un yugo a su pueblo como consecuencia de su rebeldía y arrogancia, para que aprendieran que era “humildad y obediencia” lo que Dios quiere.
El profeta Hananías se mantuvo en la línea de la arrogancia y la rebeldía a Dios, no haciendo caso a su palabra transmitida por Jeremías (vocero de Dios). Hananías dijo al pueblo lo que quería escuchar y no dio la razón al mensaje de Jeremías y las consecuencias que Dios anunció le sobrevino (cap. 28)

-Introducción al tema-
El éxito que alcanzan las personas, en todo orden de cosas, e independientemente de lo grande o pequeña que sea el logro, suele estimular la autoconfianza, el orgullo, el sentimiento de “que yo me lo merezco” así como la intransigencia etc. En muchas ocasiones, más de las que nos figuramos, estos sentimientos se convierten en hechos y actitudes. Lo irónico de esto es, que éstas actitudes y comportamientos provocados por el triunfo y el éxito, es lo que nos lleva a la destrucción y al fracaso.
Podemos citar muchísimos ejemplos en todas las áreas de la vida (deporte, política, finanzas, música, cine, etc.) ¿Acaso no sabes de alguna estrella, estadista, político, rico, deportista, etc., que su propia gloria y fama no le ha traído su destrucción? Creo que podemos acordarnos de alguien. En el área religiosa también sucede lo mismo; el triunfo y el éxito alcanzado por una persona, por la gloria de Dios, acaban destruyéndolo, cuando lo personaliza y se endiosa.

Esto nos viene a enseñar que el líder que triunfa se debe mantener “humilde” para impedir que el orgullo y la intransigencia controlen su vida, permitiendo que la “humildad y la prudencia lo mantengan en el lugar que corresponde. Y además, para la persona que es ecreyente; dando lugar al Espíritu Santo a que dirija y oriente su vida en tales condiciones de acuerdo a la voluntad de Dios.
-estudio del fundamento bíblico-
* La desobediencia y la presunción de Saúl.
Vamos a leer 1ª de Samuel cap. 13 vers. 1 al 14
Saúl, como quizás sabes, fue el primer rey de Israel. Elegido por Dios. Un hombre con capacidades reconocidas por su pueblo, por el profeta Samuel y por Dios para gobernar a Israel bajo la orientación y voluntad de Dios.
Alcanzó grandes victorias y logros; uno de los más importantes fue unificar a Israel como nación, que estaba dividida en tribus y no todas ellas bien avenidas. Esto hizo que Israel fuera más fuerte y pudiera hacer frente al abuso y acosos de otras naciones poderosas, entre las más temidas, los filisteos. Otro éxito como rey, muy reconocido socialmente y que le confirió éxito y gloria ante su pueblo fue que consiguió reunir un buen ejército y vencieron a los amonitas (1ª Samuel 11).
Como hemos leído, en medio de este esplendor, a Saúl se le complicaron las cosas cuando los filisteos (gran imperio con un tremendo ejército) se levantaron en guerra contra Israel a consecuencia de que su hijo Jonatán atacó y derroto a una guarnición filistea que estaba en Gabaa. Ya hemos podido saber cómo estaban los israelitas y el propio Saúl; les temblaban todos los huesos, hasta el punto de que muchos de los guerreros huían y abandonaban el ejército y a Saúl.
¿En quién confiaba Saúl y el pueblo; en Dios quién lo escogió como rey y pueblo, quién le otorgó triunfos y el éxito que se le reconocían; o en su propia gloria y poder, considerados logros por sus propios méritos?
¿Qué olvidó Raúl y pueblo de Israel respecto a su posición como pueblo de Dios?
Olvidaron el poder de Dios; cómo siendo menos que nada y esclavos, llegaron a ser “rey” y “pueblo de Dios” y libres de forma sobrenatural. Olvidaron de qué formas sobrenaturales e increíbles, Dios les ayudó a vencer en otras contiendas. Y en vez de “buscar a Dios·”, buscaron y se refugiaron en ellos mismos, y el miedo les superó y les hizo huir.
Cuando no se confía en Dios, sino que en nuestro orgullo y arrogancia, confiamos en nosotros mismos, las dificultades más pequeñas de la vida nos pueden parecer abrumadoras y nos encontraremos en situaciones de zozobra.
Como “hijos de Dios” que son los que en Él creen hay que tener presente que todo cuanto les sucede, bueno y menos bueno, no escapa al conocimiento de Él. Si confiamos en Dios veremos su ayuda en nuestras necesidades.
El auténtico carácter y la plena forma de ser de una persona no se evidencia sólo en situaciones de gloria y abundancia de la vida, sino también con las de crisis y de dificultad. Por ambas situaciones es cuando se evidencia al completo el auténtico carácter y forma de ser de una persona.
De Saúl, sólo se le conocía parte de su carácter; el de las situaciones de gloria y éxito, pero también le llego la oportunidad de mostrar su carácter ante la dificultad. Al principio, Saúl era un rey fuerte y decidido, pero ante el miedo, comenzó a mostrarse tal cual era: comenzó a confiar más en sí mismo y decidió olvidarse de cómo Dios, por medio de Samuel, le había dicho que tenía que hacer las cosas y decidió hacerlas a su manera. Dudó del mensaje de Dios transmitido por Samuel y esto le hizo atribuirse funciones que no le correspondían, como la de sacerdote.
En definitiva, Saúl se asentó en su orgullo, atribuyendo su grandeza y éxito en sus propios méritos. Esto le llevó a la desobediencia y a no aceptar la forma en las que Dios quería hacer las cosas y las hizo a su manera. No pensó que la tardanza de Samuel podría tratarse de una prueba de confianza de parte de Dios. Por el contrario, quizás pensó que siguiendo por su línea y haciendo él las funciones que le correspondían a Samuel, Dios los bendeciría y lo sacaría del atolladero en el que estaba metido. Saúl se justificó de este proceder ante Samuel, con la escusa de que “no había llegado a la hora convenida”. Saúl trató de utilizar a Dios y su poder a su conveniencia y propios intereses
Esto, también puede pasar ahora; alcanzamos a ser y tener algo por la misericordia y gloria de Dios y, ocasionalmente, en vez de reconocerla y glorificar a Dios por ello, nos lo atribuimos a nosotros mismos y cuando esto es evidente, para justificarnos lo disimulamos y lo utilizamos para manejar a Dios con un propósito encubierto de intereses personales a nuestra propia conveniencia.


En la vida del creyente también aparecen ocasiones en las que la obediencia a Dios puede estar a prueba.
Por eso el creyente tiene que saber “que hay que esperar en Dios”. Esperar en Dios no significa pasividad ante hechos difíciles de la vida. Significa; “obedecerle y hacer su voluntad” en tales momentos, confiar en su intervención para la resolución de tales circunstancias y esperar a que Él actúe
Saúl no supo “esperar en Dios”, se apoyó en sus propios medios y criterios y al final como consecuencia le costó su reino.
* Una segunda oportunidad.
Vamos a leer 1ª Samuel cap. 15 vers.1 al 23 y 34 al 35.
Dios algunas veces, por su misericordia, nos da nuevas oportunidades, pero es una realidad, que las oportunidades se acaban.
Dios dio a Saúl una nueva oportunidad de establecer su compromiso con Él y demostrar que era el rey de Israel que tenía en mente cuando lo eligió: Le dio el encargo de atacar a los amalecitas (un pueblo que se interpuso en el camino de Israel cuando venían de Egipto) y de destruirlo todo, absolutamente todo seres vivos y posesiones.
Saúl atacó a los amalecitas y consiguió derrotarlos, apresó a
Agag su rey y se apoderó de todas sus posesiones.
Nuevamente Saúl desobedeció a Dios; no mató al rey amalecita y no destruyó lo mejor de las posesiones de los amalecitas. Usó el fingimiento del sacrificio para encubrir su codicia. Sin embargo Samuel le expresó que era más importante la obediencia que los rituales religioso. Le pidió explicaciones de su desobediencia a Dios, Saúl se justificó haciéndole ver que lo que se había conservado sin destruir iba a ser destinado a los sacrificios de gratitud a Dios. Entonces Samuel le dijo: “Más agrada al Señor que se le obedezca, que no que se le ofrezcan sacrificios y holocaustos; vale más obedecerle y prestarle atención que ofrecerle sacrificios y grasa de carneros” (1ª Samuel cap. 15 vers. 22). Además añadió: “Y como tú has rechazado sus mandatos, ahora Él te rechaza como rey”.
Quizás a Saúl le sucedió lo que nos sucede muchas veces a nosotros; nuestro orgullo y endiosamiento nos impiden mostrarnos con humildad y reconocer ante los demás que nuestros logros y victorias son de Dios y no de nuestros propios esfuerzos. Muchas veces, pedimos y suplicamos a Dios una nueva oportunidad o su ayuda para afrontar contiendas que, nos damos cuenta que por nuestros propios medios no podemos alcanzar. Pero curiosamente, cuando estamos inmersos en la resolución de ellas, nos olvidamos que nuestros logros y resolución se están produciendo por la ayuda de Dios. Y cuando, por alguna circunstancia se pone esto en evidencia, tratamos de justificarnos con nuestros compromisos y rituales religiosos (¿Sabes el significado de Corbán? Corbán es una palabra hebrea que significa “lo dedicado al sacrificio” que se ofrecía a Dios. Muchos hebreos se aprovechaban del sustento que tenían que darle a sus padres para que vivieran diciéndoles que eso, precisamente, era “corbán”, desobedeciendo a Dios con la excusa de que, lo que tenían que darles a sus padres para ser socorridos, lo tenían que ofrecer a Dios –Mateo 7:9–13-)
Dios tenía un propósito cuando encargó a Saúl la manera en que tenía que proceder con los amalecitas; quizás podría ser enviar el mensaje a otros pueblos de que el Dios de Israel era un Dios poderoso y que impartía justicia. Sin embargo, Saúl le costaba no aparecer victorioso y con sus correspondientes trofeos de guerra y sus ricos botines, como estaba acostumbrado por ocasiones anteriores. Quizás para él, parecería un fracaso a su popularidad y gloria el regresar con las manos vacías. Al final, de forma premeditada y siguiendo la costumbre de aquella época volvió de la batalla victorioso con el rey contrario apresado y sus posesiones como botín de guerra, desobedeciendo a Dios.
La voluntad de Dios se cumplió de todos modos; Samuel mató al rey de los amalecitas y Saúl perdió su reino.
También hay un efecto más del orgullo en nuestras vidas como creyentes; el orgullo nos impide reconocer nuestro pecado y dificulta el arrepentimiento. El orgullo de Saúl le impidió arrepentirse sinceramente con un propósito auténtico de enmienda y sometimiento a Dios. Instó a Samuel a compadrear en la adoración a Dios, a lo que Samuel se negó. Y Saúl reaccionó con soberbia agarrando a Samuel por su capa y desgarrándole el borde. A pesar de esto, Samuel mostró su humildad, como hombre de Dios, a accediendo a respetar a Saúl como rey.
En contraste al ORGULLO y la REBELDÍA, tenemos LA HUMILDAD y OBEDIENCIA. El mejor ejemplo nos lo da Jesús.
* HUMILDAD y OBEDIENCIA: consecuencias.
En Mateo cap. 18 vers. 1 al 4 y cap. 23 vers.11 y 12 Jesús
enseña humildad.
Los discípulos de Jesús le preguntaron: quién es el más importante en el Reino de Dios. Jesús les dijo: el más importante en el Reino de Dios es aquél que es humilde y se vuelve como este niño, es decir, se muestra pequeño e inocente.
El más grande entre vosotros debe servir a los demás. Porque el que así mismo se engrandece, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido.
En Filipenses cap. 2 vers. 5 al 11, encontramos la expresión de humildad de Cristo y su exaltación departe de Dios.
Jesucristo, teniendo naturaleza divina, no insistió en ser igual a Dios, sino que tomó naturaleza de siervo y nació como hombre. Y esto supuso una humillación a sí mismo y por obediencia fue a la vergonzosa muerte de cruz.
Por esto, Dios lo elevó al más alto honor y le dio el más excelente de todos los nombres: Jesús, para que en su nombre caigan de rodillas todos los que están en los cielos y debajo de la tierra; y todos reconozcan que Jesucristo es el Señor, para honra de Dios Padre.
El Santiago cap 4 vers.6 al 10 podemos ver que los humildes reciben la gracia.
Dios nos ayuda más con su bondad, pues la Escritura dice: “Dios se opone a los orgullosos, pero trata con bondad a los humildes….Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros”
Conclusión:
Dios, como hemos visto en el personaje Saúl, nos da oportunidades de convertirnos en grandes herramientas útiles a su servicio, pero el “orgullo” puede apartarnos de la “obediencia a Dios” que como hijos suyos le debemos, llevándonos a hacer las cosas a nuestra manera y no a la manera que Dios dispone.
Entonces, ¿cómo podemos aprender a obedecer a Dios?
Podemos aprender a obedecer a Dios de la siguiente manera:
1. Sometiéndonos a Él. Cuando hacemos esto, le estamos entregando el gobierno de nuestra vida. Esta es la única manera de no permitir al “orgullo” el control de nuestras acciones. Necesitamos hacer un ejercicio de sometimiento a diario (Romanos cap.12 vers. 1 y 2)
  1. Reconocer el favor de Dios en nuestra vida y adorarlo. Cuando nos atribuimos méritos por nuestro buen éxito estamos negando que Dios nos ha ayudado. Le quitamos la gloria a Dios y nos la ponemos nosotros.
  2. Tenemos que comprender los efectos destructores que tiene el pecado. A pesar de que ahora, es muy corriente en la gente, incluso en muchos creyentes, pensar que todo vale y que el pecado ha perdido vigencia en nuestra sociedad y que en realidad es una cosa del pasado. No nos podemos tomar a la ligera la cuestión del pecado. Es necesario confesar a Dios nuestros pecados con un sentimiento auténtico de arrepentimiento y propósito de enmienda. Todo pecado que comienza pareciendo insignificante puede llegar a esclavizarnos y a convertirse en un gran desastre para nuestra vidas, porque en todo pecado está “la desobediencia a Dios”.
¡Compruébenlo! Cuando se obedece a Dios, se experimenta su paz y su poder. También se obtiene una victoria real sobre las circunstancias de la vida.

¿CUALES SON LOS CONSECUENCIAS DEL HOMBRE ?

¿Orgullo y Rebeldía ante Dios y cual es Humildad y obediencia a Él?


En este tema vamos a abordar dos aspectos posibles en la vida de todo creyente, como son, por una parte EL ORGULLO Y LA REBELDIA ante Dios; y por otra LA HUMILDAD y OBEDIENCIA a Él.
Hay una consecuencia real que da importancia a este tema: el orgullo y la rebeldía a Dios traen ruina; la humildad y obediencia a Él conllevan bendición. También un mensaje de parte de Dios que a toda persona le es necesario conocer: ¿qué es lo que Jehová pide de ti? Solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios (Miqueas cap. 6 vers.8).
Para desarrollar el tema vamos a fijarnos en los hechos del rey Saúl, que nos vienen reflejados en los capítulos de 1ª de Samuel cap. 13 y 15, y en los hechos de Jesucristo que leemos en Mateo cap. 18 vers. 1 al 4 / cap. 23 vers. 11 y 12 y Filipenses cap. 2 vers. 5 al 11
- El contexto del tema es el siguiente-
* ORGULLO Y REBELDÍA:


 consecuencias.
En Deuteronomio cap. 9 vers. 7 al 14 vemos la rebeldía a Dios de su pueblo y su decadencia.
Un pueblo que recibe la bendición de Dios, pronto muestra su ingratitud y se hace rebelde en cumplir la parte del pacto que hizo con Él. En su actitud cambian a Dios vivo y todopoderoso; que cuando andaban por el desierto los protegió y bendijo con milagros y prodigios sobrenaturales; por un dios, creado por ellos mismos, representado por un ídolo de metal en forma de bestia, inerte e incapaz de manifestarse ni aún comunicarse con ellos.
La rebeldía a Dios provoca su ira y conlleva la destrucción.
En 2ª de Crónicas cap. 36:vers. 11 al 20 vemos las consecuencias de la rebeldía a Dios.
Todo el pueblo de Judá al completo, el rey, incluso los sacerdotes se mostró tercamente en rebeldía a la voluntad de Dios. Dios les advirtió reiteradas veces, sobre las consecuencias de su actitud rebelde, pero ellos se mofaban y reían de los avisos de Dios, hasta que la ira del Señor estalló contra ellos y las consecuencias fueron desastrosas.
En Jeremías capítulo 27 y 28 vemos el juicio de un maestro de rebelión contra Dios.
Dios mandó el siguiente mensaje por boca del profeta Jeremías (ver en cap. 27 vers. 3 al 11).
Dios puso un yugo a su siervo Jeremías que él tenía que llevar como símbolo de “humildad y obediencia”. Y puso además un yugo a su pueblo como consecuencia de su rebeldía y arrogancia, para que aprendieran que era “humildad y obediencia” lo que Dios quiere.
El profeta Hananías se mantuvo en la línea de la arrogancia y la rebeldía a Dios, no haciendo caso a su palabra transmitida por Jeremías (vocero de Dios). Hananías dijo al pueblo lo que quería escuchar y no dio la razón al mensaje de Jeremías y las consecuencias que Dios anunció le sobrevino (cap. 28)
las consecuencias fueron desastrosas.
En Jeremías capítulo 27 y 28 vemos el juicio de un maestro de rebelión contra Dios.
Dios mandó el siguiente mensaje por boca del profeta Jeremías (ver en cap. 27 vers. 3 al 11).
Dios puso un yugo a su siervo Jeremías que él tenía que llevar como símbolo de “humildad y obediencia”. Y puso además un yugo a su pueblo como consecuencia de su rebeldía y arrogancia, para que aprendieran que era “humildad y obediencia” lo que Dios quiere.
El profeta Hananías se mantuvo en la línea de la arrogancia y la rebeldía a Dios, no haciendo caso a su palabra transmitida por Jeremías (vocero de Dios). Hananías dijo al pueblo lo que quería escuchar y no dio la razón al mensaje de Jeremías y las consecuencias que Dios anunció le sobrevino (cap. 28)

-Introducción al tema-
El éxito que alcanzan las personas, en todo orden de cosas, e independientemente de lo grande o pequeña que sea el logro, suele estimular la autoconfianza, el orgullo, el sentimiento de “que yo me lo merezco” así como la intransigencia etc. En muchas ocasiones, más de las que nos figuramos, estos sentimientos se convierten en hechos y actitudes. Lo irónico de esto es, que éstas actitudes y comportamientos provocados por el triunfo y el éxito, es lo que nos lleva a la destrucción y al fracaso.
Podemos citar muchísimos ejemplos en todas las áreas de la vida (deporte, política, finanzas, música, cine, etc.) ¿Acaso no sabes de alguna estrella, estadista, político, rico, deportista, etc., que su propia gloria y fama no le ha traído su destrucción? Creo que podemos acordarnos de alguien. En el área religiosa también sucede lo mismo; el triunfo y el éxito alcanzado por una persona, por la gloria de Dios, acaban destruyéndolo, cuando lo personaliza y se endiosa.

Esto nos viene a enseñar que el líder que triunfa se debe mantener “humilde” para impedir que el orgullo y la intransigencia controlen su vida, permitiendo que la “humildad y la prudencia lo mantengan en el lugar que corresponde. Y además, para la persona que es ecreyente; dando lugar al Espíritu Santo a que dirija y oriente su vida en tales condiciones de acuerdo a la voluntad de Dios.
-estudio del fundamento bíblico-
* La desobediencia y la presunción de Saúl.
Vamos a leer 1ª de Samuel cap. 13 vers. 1 al 14
Saúl, como quizás sabes, fue el primer rey de Israel. Elegido por Dios. Un hombre con capacidades reconocidas por su pueblo, por el profeta Samuel y por Dios para gobernar a Israel bajo la orientación y voluntad de Dios.
Alcanzó grandes victorias y logros; uno de los más importantes fue unificar a Israel como nación, que estaba dividida en tribus y no todas ellas bien avenidas. Esto hizo que Israel fuera más fuerte y pudiera hacer frente al abuso y acosos de otras naciones poderosas, entre las más temidas, los filisteos. Otro éxito como rey, muy reconocido socialmente y que le confirió éxito y gloria ante su pueblo fue que consiguió reunir un buen ejército y vencieron a los amonitas (1ª Samuel 11).
Como hemos leído, en medio de este esplendor, a Saúl se le complicaron las cosas cuando los filisteos (gran imperio con un tremendo ejército) se levantaron en guerra contra Israel a consecuencia de que su hijo Jonatán atacó y derroto a una guarnición filistea que estaba en Gabaa. Ya hemos podido saber cómo estaban los israelitas y el propio Saúl; les temblaban todos los huesos, hasta el punto de que muchos de los guerreros huían y abandonaban el ejército y a Saúl.
¿En quién confiaba Saúl y el pueblo; en Dios quién lo escogió como rey y pueblo, quién le otorgó triunfos y el éxito que se le reconocían; o en su propia gloria y poder, considerados logros por sus propios méritos?
¿Qué olvidó Raúl y pueblo de Israel respecto a su posición como pueblo de Dios?
Olvidaron el poder de Dios; cómo siendo menos que nada y esclavos, llegaron a ser “rey” y “pueblo de Dios” y libres de forma sobrenatural. Olvidaron de qué formas sobrenaturales e increíbles, Dios les ayudó a vencer en otras contiendas. Y en vez de “buscar a Dios·”, buscaron y se refugiaron en ellos mismos, y el miedo les superó y les hizo huir.
Cuando no se confía en Dios, sino que en nuestro orgullo y arrogancia, confiamos en nosotros mismos, las dificultades más pequeñas de la vida nos pueden parecer abrumadoras y nos encontraremos en situaciones de zozobra.
Como “hijos de Dios” que son los que en Él creen hay que tener presente que todo cuanto les sucede, bueno y menos bueno, no escapa al conocimiento de Él. Si confiamos en Dios veremos su ayuda en nuestras necesidades.
El auténtico carácter y la plena forma de ser de una persona no se evidencia sólo en situaciones de gloria y abundancia de la vida, sino también con las de crisis y de dificultad. Por ambas situaciones es cuando se evidencia al completo el auténtico carácter y forma de ser de una persona.
De Saúl, sólo se le conocía parte de su carácter; el de las situaciones de gloria y éxito, pero también le llego la oportunidad de mostrar su carácter ante la dificultad. Al principio, Saúl era un rey fuerte y decidido, pero ante el miedo, comenzó a mostrarse tal cual era: comenzó a confiar más en sí mismo y decidió olvidarse de cómo Dios, por medio de Samuel, le había dicho que tenía que hacer las cosas y decidió hacerlas a su manera. Dudó del mensaje de Dios transmitido por Samuel y esto le hizo atribuirse funciones que no le correspondían, como la de sacerdote.
En definitiva, Saúl se asentó en su orgullo, atribuyendo su grandeza y éxito en sus propios méritos. Esto le llevó a la desobediencia y a no aceptar la forma en las que Dios quería hacer las cosas y las hizo a su manera. No pensó que la tardanza de Samuel podría tratarse de una prueba de confianza de parte de Dios. Por el contrario, quizás pensó que siguiendo por su línea y haciendo él las funciones que le correspondían a Samuel, Dios los bendeciría y lo sacaría del atolladero en el que estaba metido. Saúl se justificó de este proceder ante Samuel, con la escusa de que “no había llegado a la hora convenida”. Saúl trató de utilizar a Dios y su poder a su conveniencia y propios intereses
Esto, también puede pasar ahora; alcanzamos a ser y tener algo por la misericordia y gloria de Dios y, ocasionalmente, en vez de reconocerla y glorificar a Dios por ello, nos lo atribuimos a nosotros mismos y cuando esto es evidente, para justificarnos lo disimulamos y lo utilizamos para manejar a Dios con un propósito encubierto de intereses personales a nuestra propia conveniencia.


En la vida del creyente también aparecen ocasiones en las que la obediencia a Dios puede estar a prueba.
Por eso el creyente tiene que saber “que hay que esperar en Dios”. Esperar en Dios no significa pasividad ante hechos difíciles de la vida. Significa; “obedecerle y hacer su voluntad” en tales momentos, confiar en su intervención para la resolución de tales circunstancias y esperar a que Él actúe
Saúl no supo “esperar en Dios”, se apoyó en sus propios medios y criterios y al final como consecuencia le costó su reino.
* Una segunda oportunidad.
Vamos a leer 1ª Samuel cap. 15 vers.1 al 23 y 34 al 35.
Dios algunas veces, por su misericordia, nos da nuevas oportunidades, pero es una realidad, que las oportunidades se acaban.
Dios dio a Saúl una nueva oportunidad de establecer su compromiso con Él y demostrar que era el rey de Israel que tenía en mente cuando lo eligió: Le dio el encargo de atacar a los amalecitas (un pueblo que se interpuso en el camino de Israel cuando venían de Egipto) y de destruirlo todo, absolutamente todo seres vivos y posesiones.
Saúl atacó a los amalecitas y consiguió derrotarlos, apresó a
Agag su rey y se apoderó de todas sus posesiones.
Nuevamente Saúl desobedeció a Dios; no mató al rey amalecita y no destruyó lo mejor de las posesiones de los amalecitas. Usó el fingimiento del sacrificio para encubrir su codicia. Sin embargo Samuel le expresó que era más importante la obediencia que los rituales religioso. Le pidió explicaciones de su desobediencia a Dios, Saúl se justificó haciéndole ver que lo que se había conservado sin destruir iba a ser destinado a los sacrificios de gratitud a Dios. Entonces Samuel le dijo: “Más agrada al Señor que se le obedezca, que no que se le ofrezcan sacrificios y holocaustos; vale más obedecerle y prestarle atención que ofrecerle sacrificios y grasa de carneros” (1ª Samuel cap. 15 vers. 22). Además añadió: “Y como tú has rechazado sus mandatos, ahora Él te rechaza como rey”.
Quizás a Saúl le sucedió lo que nos sucede muchas veces a nosotros; nuestro orgullo y endiosamiento nos impiden mostrarnos con humildad y reconocer ante los demás que nuestros logros y victorias son de Dios y no de nuestros propios esfuerzos. Muchas veces, pedimos y suplicamos a Dios una nueva oportunidad o su ayuda para afrontar contiendas que, nos damos cuenta que por nuestros propios medios no podemos alcanzar. Pero curiosamente, cuando estamos inmersos en la resolución de ellas, nos olvidamos que nuestros logros y resolución se están produciendo por la ayuda de Dios. Y cuando, por alguna circunstancia se pone esto en evidencia, tratamos de justificarnos con nuestros compromisos y rituales religiosos (¿Sabes el significado de Corbán? Corbán es una palabra hebrea que significa “lo dedicado al sacrificio” que se ofrecía a Dios. Muchos hebreos se aprovechaban del sustento que tenían que darle a sus padres para que vivieran diciéndoles que eso, precisamente, era “corbán”, desobedeciendo a Dios con la excusa de que, lo que tenían que darles a sus padres para ser socorridos, lo tenían que ofrecer a Dios –Mateo 7:9–13-)
Dios tenía un propósito cuando encargó a Saúl la manera en que tenía que proceder con los amalecitas; quizás podría ser enviar el mensaje a otros pueblos de que el Dios de Israel era un Dios poderoso y que impartía justicia. Sin embargo, Saúl le costaba no aparecer victorioso y con sus correspondientes trofeos de guerra y sus ricos botines, como estaba acostumbrado por ocasiones anteriores. Quizás para él, parecería un fracaso a su popularidad y gloria el regresar con las manos vacías. Al final, de forma premeditada y siguiendo la costumbre de aquella época volvió de la batalla victorioso con el rey contrario apresado y sus posesiones como botín de guerra, desobedeciendo a Dios.
La voluntad de Dios se cumplió de todos modos; Samuel mató al rey de los amalecitas y Saúl perdió su reino.
También hay un efecto más del orgullo en nuestras vidas como creyentes; el orgullo nos impide reconocer nuestro pecado y dificulta el arrepentimiento. El orgullo de Saúl le impidió arrepentirse sinceramente con un propósito auténtico de enmienda y sometimiento a Dios. Instó a Samuel a compadrear en la adoración a Dios, a lo que Samuel se negó. Y Saúl reaccionó con soberbia agarrando a Samuel por su capa y desgarrándole el borde. A pesar de esto, Samuel mostró su humildad, como hombre de Dios, a accediendo a respetar a Saúl como rey.
En contraste al ORGULLO y la REBELDÍA, tenemos LA HUMILDAD y OBEDIENCIA. El mejor ejemplo nos lo da Jesús.
* HUMILDAD y OBEDIENCIA: consecuencias.
En Mateo cap. 18 vers. 1 al 4 y cap. 23 vers.11 y 12 Jesús
enseña humildad.
Los discípulos de Jesús le preguntaron: quién es el más importante en el Reino de Dios. Jesús les dijo: el más importante en el Reino de Dios es aquél que es humilde y se vuelve como este niño, es decir, se muestra pequeño e inocente.
El más grande entre vosotros debe servir a los demás. Porque el que así mismo se engrandece, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido.
En Filipenses cap. 2 vers. 5 al 11, encontramos la expresión de humildad de Cristo y su exaltación departe de Dios.
Jesucristo, teniendo naturaleza divina, no insistió en ser igual a Dios, sino que tomó naturaleza de siervo y nació como hombre. Y esto supuso una humillación a sí mismo y por obediencia fue a la vergonzosa muerte de cruz.
Por esto, Dios lo elevó al más alto honor y le dio el más excelente de todos los nombres: Jesús, para que en su nombre caigan de rodillas todos los que están en los cielos y debajo de la tierra; y todos reconozcan que Jesucristo es el Señor, para honra de Dios Padre.
El Santiago cap 4 vers.6 al 10 podemos ver que los humildes reciben la gracia.
Dios nos ayuda más con su bondad, pues la Escritura dice: “Dios se opone a los orgullosos, pero trata con bondad a los humildes….Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros”
Conclusión:
Dios, como hemos visto en el personaje Saúl, nos da oportunidades de convertirnos en grandes herramientas útiles a su servicio, pero el “orgullo” puede apartarnos de la “obediencia a Dios” que como hijos suyos le debemos, llevándonos a hacer las cosas a nuestra manera y no a la manera que Dios dispone.
Entonces, ¿cómo podemos aprender a obedecer a Dios?
Podemos aprender a obedecer a Dios de la siguiente manera:
1. Sometiéndonos a Él. Cuando hacemos esto, le estamos entregando el gobierno de nuestra vida. Esta es la única manera de no permitir al “orgullo” el control de nuestras acciones. Necesitamos hacer un ejercicio de sometimiento a diario (Romanos cap.12 vers. 1 y 2)
  1. Reconocer el favor de Dios en nuestra vida y adorarlo. Cuando nos atribuimos méritos por nuestro buen éxito estamos negando que Dios nos ha ayudado. Le quitamos la gloria a Dios y nos la ponemos nosotros.
  2. Tenemos que comprender los efectos destructores que tiene el pecado. A pesar de que ahora, es muy corriente en la gente, incluso en muchos creyentes, pensar que todo vale y que el pecado ha perdido vigencia en nuestra sociedad y que en realidad es una cosa del pasado. No nos podemos tomar a la ligera la cuestión del pecado. Es necesario confesar a Dios nuestros pecados con un sentimiento auténtico de arrepentimiento y propósito de enmienda. Todo pecado que comienza pareciendo insignificante puede llegar a esclavizarnos y a convertirse en un gran desastre para nuestra vidas, porque en todo pecado está “la desobediencia a Dios”.
¡Compruébenlo! Cuando se obedece a Dios, se experimenta su paz y su poder. También se obtiene una victoria real sobre las circunstancias de la vida.

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