CRISTO NOS OFRECE EL PERDÓN 1. Cuando sabemos que somos culpables de algo, ¿cuáles son algunas de las formas en que procuramos resolver el conflicto interior que sentimos? (Para ayudarte a contestar: recuerda alguna experiencia de tu niñez en que temías que te iban a sorprender en algo malo que habías hecho.) 2. ¿Qué cambios en la personalidad puede producir el remordimiento? 3. Nombra algunas cosas que hicieron para resolver su problema de culpa los siguientes personajes bíblicos: Adán Caín 4. Lee Salmo 32: 3 y 4. ¿Cómo describe el autor su reacción a su carga de culpa? 5. Lee Salmo 32:1, 2. ¿Qué palabra usa el autor para describir la condición del hombre que tiene resuelto su problema de culpa? ¿Qué significa esta palabra? ¿Qué es lo que hace Dios para que el hombre sienta esto?


 Lectura: Marcos 2:1 a 12 6. Cristo resolvió dos problemas que tenía el paralítico. ¿Cuáles eran? ¿Cuál crees haya sido el motivo de acudir a Cristo? De estos dos tipos de problemas, ¿cuál tipo recibe mayor atención hoy en día? Da un ejemplo para respaldar tu respuesta. 7. ¿Por qué el perdón fue más importante para el hombre que la sanidad? 8. Lee Hebreos 10:17, 18 ¿Qué garantía da Dios aquí? 9. ¿Qué significa remisión? 10. Una vez perdonados los pecados, ¿Qué podemos ofrecer a Dios a cambio del perdón?

¿HA ESTADO usted perdido alguna vez? Puede que recuerde ocasiones en las que, yendo a visitar a amigos o familiares, no lograba dar con la dirección. Al ir avanzando por caminos desconocidos, ¿se detuvo en algún momento a pedir ayuda? Imagínese que, en una situación como esa, se encuentra con una persona bondadosa que no se limita a explicarle cómo llegar, sino que le dice: “Mejor sígame, que lo acompaño”. ¡Qué gran alivio!
Pues bien, en cierto sentido, eso es lo que ha hecho Jesús por los seres humanos. Por cuenta propia, ninguno de nosotros podría hallar el camino que nos acerca a Dios. Como hemos heredado la imperfección y el pecado, todos nos encontramos perdidos, “alejad[o]s de la vida que pertenece a Dios” (Efesios 4:17, 18). Y justamente por eso necesitamos orientación y guía. Pero Jesús, nuestro bondadoso Modelo, no solo nos aconseja y dirige. Como vimos en el capítulo 1, nos hace esta invitación: “Ven, sé mi seguidor” (Marcos 10:21). Además, nos da una razón muy convincente para aceptar su ofrecimiento. En una ocasión dijo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Veamos algunas razones por las que solo podemos acercarnos al Padre a través del Hijo. Luego, con estas razones presentes, examinemos de qué maneras demuestra él que es “el camino y la verdad y la vida”.

El Hijo es el único que conoce plenamente al Padre



7, 8. ¿Por qué pudo afirmar Jesús con toda razón que ‘nadie conoce plenamente al Padre sino el Hijo’?
Para acercarnos a Jehová, tenemos que cumplir algunas condiciones (Salmo 15:1-5). Y nadie conoce mejor que el Hijo las normas divinas que hay que cumplir para tener la aprobación de Dios. Jesús dijo: “Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre, y nadie conoce plenamente al Hijo sino el Padre, ni conoce nadie plenamente al Padre sino el Hijo, y cualquiera a quien el Hijo quiera revelarlo” (Mateo 11:27). Veamos por qué razón Jesús podía afirmar, con todo derecho y sin ninguna exageración, que ‘nadie conoce plenamente al Padre sino el Hijo’.
Dado que el Hijo es “el primogénito de toda la creación”, conoce a Jehová más íntimamente que nadie (Colosenses 1:15). Imagínese la relación tan estrecha que se desarrolló entre ambos durante todo el tiempo que estuvieron solos: desde que Jesús —la primera creación— fue formado, hasta que se crearon otros espíritus (Juan 1:3;Colosenses 1:16, 17). Pensemos en la maravillosa oportunidad que tuvo el Hijo al estar junto a su Padre, aprendiendo lo que pensaba sobre las cosas, su voluntad, sus normas y su manera de actuar. Sin duda, no es una exageración afirmar que Jesús lo conoce mejor que nadie. Gracias a esta relación tan estrecha, Jesús pudo revelar de una manera única cómo era la personalidad de su Padre. Ninguna otra persona podría haberlo hecho así.
9, 10. a) ¿De qué maneras reveló Jesús a su Padre? b) ¿Qué debemos hacer para recibir la aprobación de Jehová?
Las enseñanzas de Jesús mostraron que conocía muy bien lo que Jehová piensa, lo que siente y lo que espera de quienes lo adoran.* Además, reveló al Padre de otra manera muy profunda. Jesús dijo: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre también” (Juan 14:9). En efecto, él lo imitó a la perfección en todo lo que dijo e hizo. Así que cuando leemos en la Biblia detalles sobre Jesús, como la fuerza y encanto que tenían sus palabras, la compasión que lo movía a curar a la gente y la empatía que lo llevaba a derramar lágrimas al ver el sufrimiento ajeno, podemos imaginarnos muy bien a Jehová haciendo lo mismo (Mateo 7:28, 29; Marcos 1:40-42; Juan 11:32-36). Las palabras y acciones del Hijo revelaron a la perfección la forma de actuar y la voluntad del Padre (Juan 5:19; 8:28; 12:49, 50). Por lo tanto, si queremos la aprobación de Jehová, tenemos que obedecer las enseñanzas de Jesús y seguir su ejemplo (Juan 14:23).
10 En vista de que Jesús conoce tan profundamente a Jehová y lo imita a la perfección, no es de extrañar que Jehová decidiera utilizarlo como un medio para llegar a él. Puesto que ya hemos analizado las bases para entender por qué solo es posible llegar a Jehová mediante Jesús, examinemos ahora el significado de estas palabras de Cristo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).

“Yo soy el camino”

11. a) ¿Por qué es solo mediante Jesús que podemos llegar a disfrutar de la aprobación de Dios? b) ¿Cómo destaca Juan 14:6 la posición única de Jesús? (Véase la nota.)
11 Ya hemos aprendido que únicamente podemos acercarnos a Dios a través de Jesús. Analicemos ahora, con más detenimiento, qué significa este hecho para nosotros. Jesús es “el camino” en el sentido de que tan solo mediante él es posible llegar a disfrutar de la aprobación de Dios. ¿Por qué razón? Jesús se mantuvo fiel hasta la muerte, entregando así su vida como sacrificio (Mateo 20:28). De no ser por el rescate, nunca podríamos acercarnos a Dios. El pecado crea una barrera entre Jehová y los seres humanos, ya que él es santo y no puede aprobar el pecado (Isaías 6:3; 59:2). Pero el sacrificio de Jesús eliminó esa barrera: proporcionó la expiación del pecado que se necesitaba (Hebreos 10:12; 1 Juan 1:7). Cuando aceptamos el medio que Dios ha dispuesto mediante Cristo y ciframos fe en él, obtenemos el favor de Jehová. No hay ninguna otra manera de llegar a estar “reconciliados con Dios” (Romanos 5:6-11).*
12. ¿En qué sentidos es Jesús “el camino”?
12 Además, Jesús es “el camino” en otro sentido: en lo que tiene que ver con las oraciones. En efecto, solo mediante él podemos dirigir nuestras peticiones sinceras a Jehová con la seguridad de que las oirá favorablemente (1 Juan 5:13, 14). El propio Jesús así lo indicó: “Si le piden alguna cosa al Padre, él se la dará en mi nombre. [...] Pidan y recibirán, para que su gozo se haga pleno” (Juan 16:23, 24). Es apropiado que, en el nombre de Jesús, oremos a Jehová y le llamemos “Padre nuestro” (Mateo 6:9). Ahora bien, Jesús también es “el camino” en el sentido de que es nuestro ejemplo a seguir. Como ya hemos visto, él imitó a la perfección a su Padre. Por eso, su ejemplo nos muestra cómo tenemos que vivir a fin de agradar a Jehová. Así que para poder acercarnos a Jehová, tenemos que seguir las pisadas de Cristo (1 Pedro 2:21).

“Yo soy [...] la verdad”

13, 14. a) ¿Cómo demostró Jesús con sus palabras que era fiel a la verdad? b) ¿Qué tuvo que hacer Jesús para ser “la verdad”, y por qué tuvo que hacerlo?
13 Cuando declaraba la palabra profética de su Padre, Jesús fue siempre fiel a la verdad (Juan 8:40, 45, 46). En su boca nunca hubo engaño (1 Pedro 2:22). Hasta sus enemigos reconocían que enseñaba “el camino de Dios de acuerdo con la verdad” (Marcos 12:13, 14). No obstante, la afirmación “Yo soy [...] la verdad” no se refería tan solo al hecho de que Cristo daba a conocer la verdad al hablar, predicar y enseñar. Había mucho más implicado.
14 Recordemos que, siglos antes, Jehová había inspirado a los escritores de la Biblia para que incluyeran en ella multitud de profecías sobre el Mesías, o Cristo, en las que se aportaban muchos detalles sobre su vida, ministerio y muerte. Además, la Ley de Moisés contenía ‘sombras’, es decir, modelos proféticos en los que aparecía prefigurado el Mesías (Hebreos 10:1). ¿Cumpliría Jesús todas las profecías sobre él? Para ello tendría que ser fiel hasta la muerte. ¿Lo lograría? Solo de ese modo quedaría probado que Jehová es el Dios que pronuncia profecías auténticas. ¡Qué peso tan grande llevaba Jesús sobre sus hombros! Por su manera de vivir —sí, por cada una de sus palabras y acciones—, Jesús probó que eran totalmente ciertos aquellos modelos proféticos (2 Corintios 1:20). Por lo tanto, Jesús era “la verdad” en persona. Era como si mediante él se hubiera hecho realidad la palabra profética de Jehová (Juan 1:17; Colosenses 2:16, 17).

¿QUIÉN ES EL CAMINO?

CRISTO NOS OFRECE EL PERDÓN 1. Cuando sabemos que somos culpables de algo, ¿cuáles son algunas de las formas en que procuramos resolver el conflicto interior que sentimos? (Para ayudarte a contestar: recuerda alguna experiencia de tu niñez en que temías que te iban a sorprender en algo malo que habías hecho.) 2. ¿Qué cambios en la personalidad puede producir el remordimiento? 3. Nombra algunas cosas que hicieron para resolver su problema de culpa los siguientes personajes bíblicos: Adán Caín 4. Lee Salmo 32: 3 y 4. ¿Cómo describe el autor su reacción a su carga de culpa? 5. Lee Salmo 32:1, 2. ¿Qué palabra usa el autor para describir la condición del hombre que tiene resuelto su problema de culpa? ¿Qué significa esta palabra? ¿Qué es lo que hace Dios para que el hombre sienta esto?


 Lectura: Marcos 2:1 a 12 6. Cristo resolvió dos problemas que tenía el paralítico. ¿Cuáles eran? ¿Cuál crees haya sido el motivo de acudir a Cristo? De estos dos tipos de problemas, ¿cuál tipo recibe mayor atención hoy en día? Da un ejemplo para respaldar tu respuesta. 7. ¿Por qué el perdón fue más importante para el hombre que la sanidad? 8. Lee Hebreos 10:17, 18 ¿Qué garantía da Dios aquí? 9. ¿Qué significa remisión? 10. Una vez perdonados los pecados, ¿Qué podemos ofrecer a Dios a cambio del perdón?

¿HA ESTADO usted perdido alguna vez? Puede que recuerde ocasiones en las que, yendo a visitar a amigos o familiares, no lograba dar con la dirección. Al ir avanzando por caminos desconocidos, ¿se detuvo en algún momento a pedir ayuda? Imagínese que, en una situación como esa, se encuentra con una persona bondadosa que no se limita a explicarle cómo llegar, sino que le dice: “Mejor sígame, que lo acompaño”. ¡Qué gran alivio!
Pues bien, en cierto sentido, eso es lo que ha hecho Jesús por los seres humanos. Por cuenta propia, ninguno de nosotros podría hallar el camino que nos acerca a Dios. Como hemos heredado la imperfección y el pecado, todos nos encontramos perdidos, “alejad[o]s de la vida que pertenece a Dios” (Efesios 4:17, 18). Y justamente por eso necesitamos orientación y guía. Pero Jesús, nuestro bondadoso Modelo, no solo nos aconseja y dirige. Como vimos en el capítulo 1, nos hace esta invitación: “Ven, sé mi seguidor” (Marcos 10:21). Además, nos da una razón muy convincente para aceptar su ofrecimiento. En una ocasión dijo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Veamos algunas razones por las que solo podemos acercarnos al Padre a través del Hijo. Luego, con estas razones presentes, examinemos de qué maneras demuestra él que es “el camino y la verdad y la vida”.

El Hijo es el único que conoce plenamente al Padre



7, 8. ¿Por qué pudo afirmar Jesús con toda razón que ‘nadie conoce plenamente al Padre sino el Hijo’?
Para acercarnos a Jehová, tenemos que cumplir algunas condiciones (Salmo 15:1-5). Y nadie conoce mejor que el Hijo las normas divinas que hay que cumplir para tener la aprobación de Dios. Jesús dijo: “Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre, y nadie conoce plenamente al Hijo sino el Padre, ni conoce nadie plenamente al Padre sino el Hijo, y cualquiera a quien el Hijo quiera revelarlo” (Mateo 11:27). Veamos por qué razón Jesús podía afirmar, con todo derecho y sin ninguna exageración, que ‘nadie conoce plenamente al Padre sino el Hijo’.
Dado que el Hijo es “el primogénito de toda la creación”, conoce a Jehová más íntimamente que nadie (Colosenses 1:15). Imagínese la relación tan estrecha que se desarrolló entre ambos durante todo el tiempo que estuvieron solos: desde que Jesús —la primera creación— fue formado, hasta que se crearon otros espíritus (Juan 1:3;Colosenses 1:16, 17). Pensemos en la maravillosa oportunidad que tuvo el Hijo al estar junto a su Padre, aprendiendo lo que pensaba sobre las cosas, su voluntad, sus normas y su manera de actuar. Sin duda, no es una exageración afirmar que Jesús lo conoce mejor que nadie. Gracias a esta relación tan estrecha, Jesús pudo revelar de una manera única cómo era la personalidad de su Padre. Ninguna otra persona podría haberlo hecho así.
9, 10. a) ¿De qué maneras reveló Jesús a su Padre? b) ¿Qué debemos hacer para recibir la aprobación de Jehová?
Las enseñanzas de Jesús mostraron que conocía muy bien lo que Jehová piensa, lo que siente y lo que espera de quienes lo adoran.* Además, reveló al Padre de otra manera muy profunda. Jesús dijo: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre también” (Juan 14:9). En efecto, él lo imitó a la perfección en todo lo que dijo e hizo. Así que cuando leemos en la Biblia detalles sobre Jesús, como la fuerza y encanto que tenían sus palabras, la compasión que lo movía a curar a la gente y la empatía que lo llevaba a derramar lágrimas al ver el sufrimiento ajeno, podemos imaginarnos muy bien a Jehová haciendo lo mismo (Mateo 7:28, 29; Marcos 1:40-42; Juan 11:32-36). Las palabras y acciones del Hijo revelaron a la perfección la forma de actuar y la voluntad del Padre (Juan 5:19; 8:28; 12:49, 50). Por lo tanto, si queremos la aprobación de Jehová, tenemos que obedecer las enseñanzas de Jesús y seguir su ejemplo (Juan 14:23).
10 En vista de que Jesús conoce tan profundamente a Jehová y lo imita a la perfección, no es de extrañar que Jehová decidiera utilizarlo como un medio para llegar a él. Puesto que ya hemos analizado las bases para entender por qué solo es posible llegar a Jehová mediante Jesús, examinemos ahora el significado de estas palabras de Cristo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).

“Yo soy el camino”

11. a) ¿Por qué es solo mediante Jesús que podemos llegar a disfrutar de la aprobación de Dios? b) ¿Cómo destaca Juan 14:6 la posición única de Jesús? (Véase la nota.)
11 Ya hemos aprendido que únicamente podemos acercarnos a Dios a través de Jesús. Analicemos ahora, con más detenimiento, qué significa este hecho para nosotros. Jesús es “el camino” en el sentido de que tan solo mediante él es posible llegar a disfrutar de la aprobación de Dios. ¿Por qué razón? Jesús se mantuvo fiel hasta la muerte, entregando así su vida como sacrificio (Mateo 20:28). De no ser por el rescate, nunca podríamos acercarnos a Dios. El pecado crea una barrera entre Jehová y los seres humanos, ya que él es santo y no puede aprobar el pecado (Isaías 6:3; 59:2). Pero el sacrificio de Jesús eliminó esa barrera: proporcionó la expiación del pecado que se necesitaba (Hebreos 10:12; 1 Juan 1:7). Cuando aceptamos el medio que Dios ha dispuesto mediante Cristo y ciframos fe en él, obtenemos el favor de Jehová. No hay ninguna otra manera de llegar a estar “reconciliados con Dios” (Romanos 5:6-11).*
12. ¿En qué sentidos es Jesús “el camino”?
12 Además, Jesús es “el camino” en otro sentido: en lo que tiene que ver con las oraciones. En efecto, solo mediante él podemos dirigir nuestras peticiones sinceras a Jehová con la seguridad de que las oirá favorablemente (1 Juan 5:13, 14). El propio Jesús así lo indicó: “Si le piden alguna cosa al Padre, él se la dará en mi nombre. [...] Pidan y recibirán, para que su gozo se haga pleno” (Juan 16:23, 24). Es apropiado que, en el nombre de Jesús, oremos a Jehová y le llamemos “Padre nuestro” (Mateo 6:9). Ahora bien, Jesús también es “el camino” en el sentido de que es nuestro ejemplo a seguir. Como ya hemos visto, él imitó a la perfección a su Padre. Por eso, su ejemplo nos muestra cómo tenemos que vivir a fin de agradar a Jehová. Así que para poder acercarnos a Jehová, tenemos que seguir las pisadas de Cristo (1 Pedro 2:21).

“Yo soy [...] la verdad”

13, 14. a) ¿Cómo demostró Jesús con sus palabras que era fiel a la verdad? b) ¿Qué tuvo que hacer Jesús para ser “la verdad”, y por qué tuvo que hacerlo?
13 Cuando declaraba la palabra profética de su Padre, Jesús fue siempre fiel a la verdad (Juan 8:40, 45, 46). En su boca nunca hubo engaño (1 Pedro 2:22). Hasta sus enemigos reconocían que enseñaba “el camino de Dios de acuerdo con la verdad” (Marcos 12:13, 14). No obstante, la afirmación “Yo soy [...] la verdad” no se refería tan solo al hecho de que Cristo daba a conocer la verdad al hablar, predicar y enseñar. Había mucho más implicado.
14 Recordemos que, siglos antes, Jehová había inspirado a los escritores de la Biblia para que incluyeran en ella multitud de profecías sobre el Mesías, o Cristo, en las que se aportaban muchos detalles sobre su vida, ministerio y muerte. Además, la Ley de Moisés contenía ‘sombras’, es decir, modelos proféticos en los que aparecía prefigurado el Mesías (Hebreos 10:1). ¿Cumpliría Jesús todas las profecías sobre él? Para ello tendría que ser fiel hasta la muerte. ¿Lo lograría? Solo de ese modo quedaría probado que Jehová es el Dios que pronuncia profecías auténticas. ¡Qué peso tan grande llevaba Jesús sobre sus hombros! Por su manera de vivir —sí, por cada una de sus palabras y acciones—, Jesús probó que eran totalmente ciertos aquellos modelos proféticos (2 Corintios 1:20). Por lo tanto, Jesús era “la verdad” en persona. Era como si mediante él se hubiera hecho realidad la palabra profética de Jehová (Juan 1:17; Colosenses 2:16, 17).

No hay comentarios:

Publicar un comentario